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A propósito del artículo 135 de la Constitución

constitucion espanola 300x200 A propósito del artículo 135 de la Constitución

 

Últimamente en cualquier tertulia televisiva que se precie o incluso en la mayoría de conversaciones de bar que buscan arreglar el país se hace mención a la que parece que es la principal raíz de nuestros problemas, el artículo 135 de la Constitución. De hecho, es un buen recurso cuando alguien nos da un golpe en forma de argumento. Cualquiera puede responder “ya, pero la reforma del artículo 135…” y entonces el equilibrio de fuerzas en la conversación vuelve a restablecerse. Sin embargo, deberíamos preguntarnos ¿tan importante es este precepto constitucional? ¿Es la fuente de todos nuestros males?

Para situarnos, tenemos que entender que el artículo 135 se incluyó en la Constitución Española en 1978 en forma de precepto técnico para incluir obviedades que después se desarrollarían en forma de ley orgánica. Básicamente, en la Carta Magna asegurábamos que seríamos unos chicos buenos, que pagaríamos nuestras deudas y que nuestro presupuesto estaría equilibrado. Hasta aquí bien, pero llegó el año 2011 y en plena incertidumbre sobre nuestra deuda pública al presidente Zapatero se le ocurrió la chapuza de reformar de forma precipitada la Constitución. Todo ello para incluir un matiz en este precepto estableciendo que el pago de la deuda y de sus intereses tendría prioridad absoluta.

Llegados a este punto el lector puede plantearse si de verdad era necesario incluir esa precisión en una ley de principios como es la Constitución. No vamos a entrar a valorar lo oportuno de la reforma ni a analizar si se pudo hacer de una forma aún peor. Sobre eso ya está todo dicho y escrito, pero es importante conocer la necesidad o no de tener un precepto así en la Constitución. Para ello tenemos que conocer la principal causa, que no es otra que la soberanía económica que tienen los estados. Dicho así puede parecer un concepto complejo, pero los Estados como sujetos soberanos tienen una prerrogativa que ningún particular posee, la posibilidad de no pagar sus deudas y que las consecuencias no pasen del reproche y de que los prestamistas no vuelvan a darle acceso al crédito. Es decir, mientras un particular ve atacado su patrimonio, el Estado bien automáticamente o cambiando algunas leyes no sufriría consecuencia alguna sobre sus bienes ante un impago de deuda.

Ante esto los Estados intentan parecer serios para que nadie deje de prestarles preventivamente. Por ello, se aseguran de que sus obligaciones en cuanto a la deuda pública son satisfechas e incluso incluyen normas con bastante rigidez para que los acreedores sepan que van a pagar. Ahí tenemos nuestro artículo 135. Queremos mandar un mensaje diciendo “oigan, somos serios y vamos a pagar, pero es que además nos vamos a obligar nosotros mismos”. Esto en un país que lleva impagando deudas desde Carlos I hasta el dictador Franco no es ninguna tontería. Pero con todo, bastaría otra reforma exprés o una modificación de una ley orgánica para que impagáramos y no sucediera nada.

Por tanto, ¿Cuál es la causa de que los partidos de izquierda se refieran con tanta virulencia a este artículo? La razón la tenemos en que muchos de estos partidos están olvidando su ideario para atacar al que parece nuestro mayor enemigo, el mercado financiero. Sin embargo, están dejando de lado lo principal. Lo que un partido progresista debería defender es tener un estado del bienestar que cuide de sus ciudadanos, unos servicios públicos eficientes y desde luego una sanidad y educación pública, universal y excelente. Esa es la clave del progresismo y para ello lo que se debe hacer es saber cómo financiarlo. Es decir, deberíamos decir estos son los servicios públicos que queremos y a los que no vamos a renunciar, pero además es que sabemos cómo financiarlos y no estamos dispuestos a impagar nada. Esto sería lo idóneo, pero claro es más difícil que decir que la culpa es de la reforma del artículo 135.

Cometería la izquierda española una gran error si sigue por ese camino, optar por el populismo fácil en lugar de diferenciarse del capitalismo de amiguetes que impera en nuestro país. Deberían olvidarse de que el mercado es el enemigo y centrarse en solucionar los problemas a los que nos enfrentamos. Al mercado le da lo mismo en qué nos gastemos el dinero si somos capaces de pagarlo. De esta manera, si frente a otros la izquierda defiende unos servicios públicos fuertes, centrémonos en definirlos y en dotarlos de mecanismos de financiación. Y sí, además podemos regular los mercados para solucionar las ineficiencias que presentan, pero identificando cuáles son nuestros verdaderos problemas y principales objetivos.

Siguiendo esa política los partidos progresistas conseguirían diferenciarse de forma seria frente a los partidos liberales o conservadores. Cerrarían de raíz que nadie los llamara populistas y podrían ofrecer a la sociedad una alternativa muy a tener en cuenta.

¿Es adecuada la reforma del Sistema de Pensiones?

pensiones ¿Es adecuada la reforma del Sistema de Pensiones?

Recientemente se ha publicado el informe del comité de expertos encargado por el Gobierno para el desarrollo de una futura reforma del sistema de pensiones. La publicación de este estudio ha generado muchas dudas en la población, ya que se ha asegurado que en contra de lo que viene siendo la tónica habitual (las pensiones se revalorizan cada año de acuerdo al IPC) las pensiones podrían bajar si así lo indica un determinado factor de sostenibilidad.

Para intentar aclarar las dudas que puede suscitar esta posible reforma de las pensiones, vamos a comenzar analizando los dos principales factores que han impulsado su desarrollo:

  • Aspectos demográficos. En este sentido hay que hacer referencia al aumento de la esperanza de vida. En España a comienzos del siglo XX sólo un 35 % de la población llegaba a la edad de jubilación. Sin embargo, en la actualidad dicho porcentaje se ha incrementado hasta el 90 %. Este es sin duda un dato magnífico que denota la mejora de las condiciones de vida de la población. Sin embargo, es un aspecto que se debe tener en cuenta a la hora del sostenimiento de las prestaciones por jubilación. Además, si a esta variable le unimos la circunstancia del envejecimiento de la población (actualmente el 17 % de la población es mayor de 65 y las estimaciones indican que ascenderá hasta el 37 % en 2052), tendremos una variable lo suficientemente significativa para el estudio de una posible reforma del sistema.
  • Aspectos económicos. Tenemos que recordar que el sistema de pensiones responde a un esquema de Pirámide de Ponzi. Bajo dicho diseño las prestaciones de las generaciones mayores son pagadas con las contribuciones que realizan las generaciones activas. Este sistema presenta inconsistencias si existen incrementos significativos en cantidad y duración del desempleo. Por tanto, en una situación de crisis prolongada como la actual el esquema puede hacer aguas y provocar que haya que recurrir a los fondos de reserva.

Estas son las dos principales circunstancias que motivan la reforma del sistema de pensiones expuesta en el documento elaborado por el comité de expertos. Bajo dicho contexto este grupo propone dos factores de sostenibilidad:

  • El primero introduce la esperanza de vida para ajustar la pensión o la edad de jubilación. Como cada  año la esperanza de vida aumenta, para hacer sostenible el sistema la pensión inicial debería ser un poco más baja puesto que la cobraremos durante más años. Esta circunstancia solo afectará a futuros pensionistas
  • El segundo factor  se plantea para garantizar el futuro del sistema y afectará a todas las pensiones, actuales y futuras. Se eliminará la referencia al IPC y el cálculo se realizará a partir de una fórmula que tendrá en cuenta el  número de pensiones, la evolución de los cotizantes y de la cotización media. De esta forma, si la economía presenta una tendencia positiva las pensiones podrán incrementarse y, si por el contrario, la economía se ve afectada por una recesión prolongada, las pensiones podrían descender.

La cuestión a partir de estos datos es ¿se trata de una reforma adecuada? En este sentido, la respuesta tiene que girar en torno a que no se busca atajar los principales defectos del sistema de pensiones. Una reforma seria buscaría eliminar el componente piramidal del sistema que provoca que ante crisis económicas las contribuciones de los cotizantes activos se reduzcan.

De otro lado, tampoco tenemos que olvidar que lo que provoca dudas sobre el sostenimiento de las prestaciones por jubilación es la reducción de los ingresos de la Seguridad Social. Este problema viene provocado por la caída constante de los afiliados y el aumento de la tasa de desempleo. Por tanto, los esfuerzos deberían dirigirse a la creación de empleo, ya que si el paro se reduce a niveles “normales” no habría problemas de financiación.

Por último, existe un componente sorprendente y, es que si el sistema de pensiones presenta fragilidades, no se entiende que el Ejecutivo premie los sistemas de prestación privados. Existe una ventaja fiscal incluida en el IRPF que beneficia a aquellos que dedican una parte de su renta a contribuir en un sistema de plan de pensiones privado. El Gobierno podría dedicar estas cantidades que deja de ingresar al sistema público y contribuir a su financiación.

Con todo, a pesar de que el estudio presenta una novedad científica y técnica relevante como son los factores de sostenibilidad, se puede decir que no es la reforma más adecuada. Se requiere una reforma del sistema en profundidad que busque solventar los problemas demográficos , de financiación y que no resulte un parche que perjudique a los contribuyentes de generaciones pasadas. No parecería lo más adecuado si buscamos un sistema justo y equitativo que asegure la renta de los cotizantes tras una vida de trabajo.

¿Es eficaz aumentar la edad de jubilación?

jubilados2 300x200 ¿Es eficaz aumentar la edad de jubilación?

Nos encontramos en pleno debate sobre la reforma del sistema de pensiones y uno de los puntos más controvertidos es el posible aumento de la edad de jubilación hasta los 67 años.  A continuación me propongo realizar un análisis acerca de la eficacia de dicha medida o si el objetivo que se pretende alcanzar se podría satisfacer mediante otro tipo de medidas.

En primer lugar, tenemos que comenzar explicando cómo funciona el sistema de prestaciones para los trabajadores que acaban su vida laboral. Este va a responder al esquema de una pirámide de Ponzi. Me explico, las prestaciones de los primeros contribuyentes son pagadas con la aportación de los nuevos. De esta manera, únicamente podrá sostenerse si hay más trabajadores que jubilados. Sin embargo, el problema surge con la elevada tasa de paro que presenta nuestro país que hace que no sólo no aumente el número de nuevos contribuyentes, sino que además el sistema de Seguridad Social tiene que pagar más prestaciones en concepto de desempleo.

Una de las posibles soluciones para equilibrar el sistema es ampliar la edad de jubilación hasta los 67 años. De esta manera, los trabajadores tendrán que contribuir durante dos años más, y verán reducido el periodo durante el que les será satisfecha la prestación.

Sin embargo, esta ampliación puede resultar ineficaz si tenemos en cuenta los siguientes aspectos:

1.       Por una parte, si se amplía el periodo de vida laboral de los trabajadores estamos dificultando que los trabajadores jóvenes se incorporen al mercado laboral. Además hay que tener en cuenta, que estos trabajadores que comienzan su vida laboral van a cotizar en el sistema durante muchos más años, por lo que puede resultar más eficiente lograr que encuentren un puesto de trabajo y comiencen su aportación lo antes posible.

2.       La productividad. Esta es una cuestión relativa puesto que, podemos entender que los trabajadores más jóvenes pueden ser más productivos en tanto sus aptitudes físicas son mayores que las de las personas de una edad avanzada. Sin embargo, hay que tener en cuenta que en muchos casos la experiencia puede resultar un factor más importante que las aptitudes físicas. De esta manera, es una variable más a tener en cuenta, pero desde un punto de vista relativo ya que no será lo mismo la sustitución en puestos que destaquen por su aporte físico, que aquel donde este no sea tan importante.

Observamos por tanto, que ampliar la edad de jubilación no es una solución exenta de dificultades por lo que se hace necesario pensar alternativas como las que exponemos a continuación:

  • La edad efectiva de jubilación en España se encuentra en torno a los 63 años. Como se observa está por debajo de la edad ordinaria, por lo que una medida con menor coste social sería evitar los continuos procesos de jubilación anticipada, que vienen a encubrir procesos de despido colectivo.
  • Incluir el sistema de prestaciones no contributivas a cargo de los Presupuestos Generales del Estado. Hay que tener en cuenta, que el Sistema de Seguridad Social incluye un gran número de prestaciones no contributivas que son financiadas con cargo al sistema contributivo. De esta manera, una alternativa sería cargar la financiación de este sistema a los Presupuestos Generales del Estado, esto es, financiarlo de acuerdo a los tributos del esquema fiscal. No obstante, existe el inconveniente del desequilibrio presupuestario que las cuentas del Estado español presentan, con un déficit en torno al 11 %.

Como se puede apreciar, ninguna de las soluciones es efectiva al cien por cien sin embargo, estas alternativas presentan un coste social menor que ampliar la edad de jubilación a los 67 años, y en todo caso pueden servir para fortalecer el sistema de pensiones.

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