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¿Qué es el Quantitative Easing?

mario draghi2 300x200 ¿Qué es el Quantitative Easing?

Recientemente el BCE ha anunciado una medida no convencional de política monetaria conocida como Quantitative Easing que pretende ayudar a espantar el fantasma del riesgo deflacionista en la economía europea. Esta medida consiste fundamentalmente en establecer un plan por el que un banco central se compromete a introducir dinero nuevo en la economía a través de compras de activos. En el caso del BCE el plan consiste en dotar 60.000 millones mensuales desde marzo a la compra de deuda soberana.

Con esta decisión se busca que los bancos convencionales en lugar de dedicar sus activos a la compra de bonos de deuda pública los dediquen a prestarlos a empresas y particulares. De este modo, se produce un efecto estimulante en la economía, ya que si los bancos deciden abrir el grifo del crédito los particulares se animarán a consumir y las empresas a invertir. Consecuencia de todo ello, sobre el papel, sería que la economía se reactivaría y se comenzaría a crear empleo.

No obstante, aunque teóricamente con este mecanismo de política económica se puede ayudar a impulsar a la economía, el principal objetivo que tiene el BCE es otro. Como aseguran sus estatutos la principal función del BCE es la estabilidad de los precios y como la inflación europea está próxima a cero, el gobernador ha optado por una política menos ortodoxa para lograr tasas próximas al 2 % .

Y es que como decimos esta medida tiene un efecto seguro, ya que al existir dinero nuevo en la economía los precios se incrementarán. Además otra consecuencia es que al circular más billetes del euro en la economía, el tipo de cambio frente a otras divisas se depreciará. Este último punto es positivo para economías como la española que necesitan mejorar su competitividad. Si el euro se abarata los productos españoles se harán más atractivos para el exterior y se podrán mejorar las exportaciones.

Hasta aquí perfecto. Sin embargo, no es oro todo lo que reluce, ya que es posible que esta medida tenga un efecto escaso o nulo sobre la economía real. Como indicaba hace algunas semanas el economista Richard Koo en una entrevista para el diario El País, en Europa los particulares y las empresas no quieren pedir prestado, sino que quieren devolver sus deudas ante la incertidumbre que rodea a la economía. Por tanto, es probable que el dinero del BCE se quede en los mercados y no logre impulsar la actividad económica.

Lo que observamos aquí es que la política del BCE en este caso es necesaria, pero desde luego no es suficiente. Lo que necesita Europa en este momento es un plan de estimulo fiscal que acompañe al Quantitative Easing. Es necesario reactivar la demanda, porque sin demanda no habrá crecimiento y por tanto no se creará empleo. Bajo el papel parece que podremos mejorar nuestra competitividad y vender nuestros productos más baratos, pero no debemos olvidar que nuestros principales clientes usan nuestra misma moneda. Por tanto, en este caso la Comisión Europea debería subirse al carro y establecer un plan de inversiones amplio que ayude a reactivar la demanda.

Con todo, es cierto que estamos ante un hito sin precedentes. El BCE ha dejado a un lado su ortodoxia y parece decidido a intervenir en la medida de sus posibilidades para hacer algo. No obstante, este ente da una de cal y otra de arena. Esta misma semana hemos asistido a un órdago en toda regla al retirar la ventana de liquidez a los bancos griegos. Sin duda esta medida no va en consonancia con la anterior. Sembrar incertidumbre y dudas no ayudan a la estabilidad económica europea. Veremos si esta decisión no acaba por empañar la línea que iniciaba el BCE con el Quantitative Easing.

¿Hacia el irremediable rescate total?

163680 1.jpg ¿Hacia el irremediable rescate total?

Estamos viviendo un verano convulso en cuanto a noticias económicas se refiere, representadas por el incremento de la rentabilidad que ofrece nuestra deuda soberana, así como el riesgo de impago de España. Esta situación está provocando que el hito de un rescate total a la economía española haya dejado de ser un tabú habiéndose convertido en una alternativa que cada día gana más enteros.

¿Cómo hemos llegado hasta aquí? En contra de lo que los medios de comunicación parecen ofrecer, el mejor indicador para ver los problemas de liquidez y solvencia de un país no es la prima de riesgo.  Este indicativo marca el sobreprecio que exigen los inversores a cualquier bono con respecto al activo sin riesgo (el Bund alemán). Sin embargo, en tanto no tengamos que hacer frente a subastas de deuda estaremos ante una variable que deberemos tener en cuenta, pero que no debería ser de vital importancia.

Existe otro dato más importante que se debe tener en cuenta a la hora de realizar un análisis acerca de los problemas de financiación. Este es el que refleja la salida de capitales de nuestro país. El último dato publicado reflejaba que hasta mayo de 2012 habían salido de España 163.185,9 millones de euros. Además, sólo en el mes de mayo se habían producido salidas de capitales por más de 40.000 millones. Estos datos reflejan que los mejores inversores para un país, aquellos que compran los bonos y se quedan esperando a cobrar los cupones y recibir su principal, están comenzando a marcharse. Conviene destacar que en una crisis estos inversores son los últimos en abandonar el barco, pero cuando saltan por la borda tardan mucho en volver a embarcar. Con esto, lo que queremos decir es que nuestro Tesoro tiene un riesgo importante a la hora de afrontar vencimientos de deuda y nueva financiación. No obstante, la labor de este ente ha sido desde que se inició la crisis muy inteligente y hasta octubre, cuando se deben hacer frente a importantes vencimientos, presenta un colchón de liquidez muy importante.

Teniendo en cuenta estos datos, el coche español comienza a quedarse sin gasolina y en un contexto como el actual lleno de incertidumbre, sería conveniente entrar a repostar antes de que se quede definitivamente vacío de combustible. Con ello lo que queremos decir, es que amplíar sine die la resolución del problema y la consiguiente solicitud de ayuda al BCE es muy peligroso.

Bajo esta situación debemos ahora plantearnos las alternativas que se le presentan a España para afrontar el problema de su deuda soberana:

  • Recurrir a la ayuda del BCE y del Eurogrupo. Podría afrontarse de diferentes maneras, mediante un “rescate” parcial que complemente al bancario, o mediante el “rescate total”. Las cifras varían desde 100.000 millones adicionales hasta 400.000 que supondría el rescate total. Como puntos a favor, teniendo en cuenta la última rueda de prensa de Mario Draghi, el mercado no se le cerraría del todo a España al eliminarse el privilegio en el orden de prelación de créditos de la ayuda europea frente al resto de inversores. No obstante,  se exigirán nuevos sacrificios que podrían venir en forma de reforma constitucional que redujera el tamaño del Estado Autonómico; bajada de salarios y pensiones; y despidos de empleados públicos. Por tanto, más recesión y más desempleo. Sin embargo, si el rescate se negociara de forma hábil se podría conseguir que buena parte de este montante se dedicara a planes de crecimiento. España podría utilizar como ejemplo el fiasco que supusieron los planes para Grecia, Portugal e Irlanda. Por otra parte, el problema más grave se encuentra en cómo, cuándo y quién pondrá el dinero. Ya no estamos ante economías pequeñas, sino ante la cuarta economía de la eurozona, cuyo rescate supondrá que Italia se vea arrastrada. De esta manera, conviene que los líderes europeos, que hasta ahora no han sabido estar a la altura de los problemas, analicen bien una situación que desde luego afectará a sus países en forma de recesión.
  • Salir del euro. España podría utilizar esta alternativa, recuperar su moneda nacional devaluada y empezar a ser más competitiva. Automáticamente, la deuda soberana valdría la mitad al redenominarse a la nueva moneda. Sin embargo, la población se vería empobrecida y nuestro país debería enfrentarse al cierre de los mercados internacionales y a una recesión que podría llegar hasta los dos dígitos. Desde luego, a priori no es una buena alternativa, sin embargo conviene pensar bien si aceptar el rescate no supondrá una salida del euro en el largo plazo. Nos explicamos, si se acepta la ayuda europea, dicho préstamo será en euros y no podrá redenominarse. Por tanto, si al rescate le sigue una salida de la moneda única, dicho crédito se multiplicará por el porcentaje que suponga la devaluación. De esta manera, el rescate ya no parece tan buena idea si no estamos convenientemente seguros de que jamás abandonaremos el Euro.

Como se puede apreciar la decisión que deberá tomarse afectará no sólo a nuestra generación, sino que influirá en el desarrollo de futuras generaciones. De esta manera, un gobierno por mucha mayoría absoluta que ostente no está legitimado para decidir en solitario. Se hace necesaria una consulta a la población para que muestre su opinión sobre los pasos a seguir.

El peligro de la estanflación

estanflación El peligro de la estanflación

Los últimos datos de la coyuntura europea auguran un nuevo peligro: la combinación de una inflación superior a la prevista, con un crecimiento menor del deseado. Y en algunos países con mayores desequilibrios, como España, ambos estándares amenazan con multiplicarlos.

A continuación, vamos a ir analizando cada uno de los factores que pueden indicar la existencia de dicho fenómeno y las políticas que se deberían adoptar para combatirla.

En el caso de la inflación, hay que tener en cuenta que una inflación moderada puede constituir un buen signo, como anticipo o expresión de un mayor ritmo de crecimiento. El aumento del 2,2% exhibido por la eurozona en diciembre se inscribiría, por exceder solo en dos décimas el objetivo del BCE, y por ser un dato parcial, en ese enfoque más bien positivo. Sin embargo, si atendemos al caso español la inflación asciende hasta el 3 %. En este sentido, conviene decir, que tradicionalmente existe un diferencial de un punto con respecto a la media inflacionaria europea. No obstante, es una señal de alerta. No solo porque castigue más a los asalariados y a los sectores más desfavorecidos, sino también porque entraña un posible desequilibrio futuro de mayor entidad.

Dicha señal de alerta se agrava si atendemos a las tasas de paro existentes en nuestro país.  Concretamente, en el mes de enero el desempleo ascendió hasta 4.200.000 personas. A la elevada tasa de desempleo, hay que unirle el escaso crecimiento de la economía que no acaba de despegar.

En este contexto, España corre el riego de que el Banco Central Europeo ante estas señales caiga en la precipitación de subir los tipos de interés en aras de mejorar los datos de la inflación. Esta situación, como ya sucedió el 2008 daría lugar a un agravamiento de las consecuencias. Esto es así, en tanto una subida de tipos de interés provocaría un encarecimiento del crédito y un lastre más que provocaría que la economía no acabara de arrancar. Del mismo modo, si el crecimiento económico se resintiera la tasa de desempleo podría agravarse aún más

De esta manera, el BCE no debería volver a confundir medios con fines. Quiero decir, mejorar la tendencia inflacionaria es necesario para asegurar el crecimiento económico, pero precipitarse con una política monetaria restrictiva provocaría peores consecuencias que los pequeños indicios estanflacionarios que comienzan a percibirse.

Sobre la política monetaria y la crisis actual

greenspan Sobre la política monetaria y la crisis actualDesde que hace unos meses el señor Greenspan reconociese que se había equivocado, comencé a divagar sobre la causa última de la crisis en la que estamos inmersos.

¿Es Alan Greenspan uno de los grandes causantes de la actual crisis?

A priori así parece (fuente 1)(fuente 2)(fuente 3). Si bien, voy a tratar de responder yo mismo a esta pregunta en las siguientes líneas. Mi razonamiento tiene como pilar básico la fijación de los tipos de interés (política monetaria) y los efectos perversos que pueden surgir a medio plazo.

Las políticas monetarias tanto de la FED como del BCE son conocidas por todos los agentes de la economía. En los últimos años, ante pequeñas amenazas de recesión han respondido con políticas monetarias expansivas, bien comprando bonos o directamente imprimiendo billetes, esto es, inyectando liquidez al sistema, y como consecuencia disminuyendo los tipos de interés. No obstante, esta explicación es con brochazo con pocos matices, una simplicafión. Más concretamente, a comienzos del presente siglo, ante la crisis de las ‘’puntocom’’ y el 11-S la FED apostó por bajar los tipos de interés para reactivar la economía americana. En cuanto al BCE hay que advertir que su política monetaria se fija en función de la inflación de la zona euro (sobre todo la de Alemania y Francia), y durante los últimos años ha sido eminentemente expansiva, aunque más moderada que la FED (Reserva Federal Americana). Si bien, para lo que posteriormente voy a ilustrar ha incurrido en el mismo error.

Partiendo de que las políticas monetarias de ambas instituciones han sido expansivas vamos a desarrollar, desde mi punto de vista, los efectos perversos que pueden llegar a tener unos tipos de interés excesivamente bajos.

Antes de ello cabe realizar la siguiente pregunta, ¿qué es el tipo de interés?. El precio del dinero. El precio al que el mercado de crédito se vacía, el precio al que acreedores y deudores prestan y toman prestado. Hilando un poco más fino sería el precio o coste de adelantar renta del futuro al presente, esto es, de poder traer consumo o inversión futura al presente. En este sentido, hay que tener presente lo importante de ese precio, el tipo de interés, puesto que si introducimos un nuevo factor al análisis: la inflación, podemos hacernos una representación del problema en su verdadera magnitud. Para ello vamos a partir de una sencilla ecuación:

Tipo de interés nominal = tipo de interés real + inflación

Tanto la FED como el BCE fijan el tipo de interés nominal, si a éste le restamos la inflación obtenemos el tipo de interés real.

Un ejemplo:

Si los tipos nominales, los que fija la FED, están al 5%, y la inflación está al 4%, obtenemos que el tipo de interés real es del 1%.

Ahora, la FED aplica una política monetaria expansiva y los tipos de interés nominales bajan al 2% y la inflación sigue al 4% , resulta que los tipos de interés real serían del -2%.

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F.C.V.

¿Está España bajo deflación?

 ¿Está España bajo deflación?

La semana pasada el INE (Instituto Nacional de Estadística) publicó el IPC adelantado de marzo, donde se reflejaba una tasa negativa del -0.1.

Este índice, como decimos, previo al IPC que se publicará el 15 de abril, no suele diferir de manera significativa con el mismo. De esta manera, cabría preguntarse si realmente nos encontramos bajo deflación.

En primer lugar, antes de entrar en mayor análisis vamos a definir qué entendemos por deflación. De acuerdo con el criterio establecido por el Fondo Monetario Internacional (FMI) se entiende por deflación la caída de los precios en el conjunto de la economía que se prolonga durante varios períodos (al menos dos trimestres). Por tanto, se excluirían las caídas de precios de sectores concretos, o las que se produzcan en momentos puntuales.

Una vez definido el concepto de deflación cabría preguntarse ¿Qué es lo que la provoca? Para responder a dicha cuestión hay que tener en cuenta que esta coyuntura se va a producir cuando la oferta de bienes y servicios en una economía es superior a la demanda. Este desajuste puede ser provocado por dos motivos:

· Insuficiencia de la demanda

· Exceso de la oferta

Llegados a este punto, pasamos a analizar cuáles serían los efectos para la economía dela deflación. A la hora de hablar de consecuencias hay que diferenciar dos entornos, es decir, si la economía se encuentra en expansión o crecimiento, o si por el contrario está contrayéndose (recesión).

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