Mes: enero 2014

Presión fiscal vs esfuerzo fiscal

montoro 0 300x200 Presión fiscal vs esfuerzo fiscal

Seguramente habrán oído en numerosas ocasiones a algún ministro de Hacienda o a algún político hacer referencia al concepto de presión fiscal para justificar algún incremento de impuestos. Pero ¿qué significa ese concepto? Hoy nos proponemos analizar dos términos que debemos tener en cuenta para analizar un sistema fiscal: presión fiscal y esfuerzo fiscal.

El primer concepto, el más utilizado por los políticos, se calcula dividiendo la recaudación fiscal (incluyendo las cotizaciones sociales) entre el PIB. Es decir, nos da como resultado el porcentaje que supone la recaudación pública sobre el conjunto de la economía. Nada tiene que ver con la presión que soportan los ciudadanos desde el punto de vista de los impuestos. Sin embargo, nuestros dirigentes utilizan este término para justificar subidas de impuestos o para defender que durante su mandato “ha bajado la presión fiscal de los ciudadanos”.  Sobre este término existe mucha demagogia, ya que viendo cómo se calcula podemos asegurar que la presión fiscal tiene poca relación con subidas o bajadas de impuestos, sino más bien con la caída de la recaudación, el ritmo de crecimiento de la economía y la existencia de fraude fiscal.

Para analizar la cantidad de renta que los ciudadanos tienen que aportar al sostenimiento de los gastos públicos tenemos que referirnos al esfuerzo fiscal. Esta variable compara de forma más tangible cuanto porcentaje de su renta dedican los individuos al pago de tributos. Es cierto que su cálculo suscita bastante controversia entre la doctrina económica, pero una forma de aproximarse a su cálculo es utilizar el Índice de Frank. Se trata de un cálculo sencillo para el cual se debe dividir la presión fiscal por la renta per cápita de un país.

Conociendo los conceptos, ya podemos analizar los datos existentes para nuestro país y compararlo con nuestro entorno. La presión fiscal en España se sitúa en el 32,9 % con respecto al PIB, una cifra que está por debajo de la media de los países de la OCDE que se encuentra en el 34,6 % (según datos de Eurostat). Por su parte, los datos de esfuerzo fiscal se colocan en el 40 % y tenemos el dudoso honor de ser los campeones de la Eurozona. Estas cifras nos ofrecen la conclusión de que nuestro sistema fiscal no es eficiente. Tenemos el esfuerzo fiscal más alto de los países de nuestro entorno, pero después ese dato no se traduce en una buena recaudación. Es decir, exprimimos a nuestros ciudadanos desde el punto de vista impositivo, pero después su renta se pierde por el camino.

¿Cuáles son los motivos? En primer lugar, el mal reparto de dicho esfuerzo fiscal. Tenemos un sistema fiscal plagado de deducciones que provoca que los trabajadores acaben pagando más impuestos que las empresas del IBEX-35. Además, como en los años 80-90 ligamos de forma pronunciada nuestros ingresos públicos al ciclo económico una recesión económica como la actual se lleva por delante el esfuerzo exigido a los ciudadanos.

Todos estos datos, evidencian una vez más que es primordial realizar una reforma fiscal seria y profunda. Tenemos que acabar con un sistema que exprime al ciudadano medio y que después no da los frutos esperados. Para ello, lo primero que debería hacer el gobierno es acabar con las deducciones que plagan nuestros impuestos y rebajar los tipos de gravamen. A partir de ahí hay mucho trabajo para mejorar la equidad de los impuestos. Sin embargo, partiendo de una simplificación de los impuestos e incrementando la lucha frente al fraude fiscal conseguiríamos reducir el esfuerzo que exigimos a la ciudadanía y mejoraríamos la eficiencia de nuestro sistema aumentando la recaudación.

2014 ¿El año de la recuperación?

amnistía fiscal 2014 ¿El año de la recuperación?

Esta semana conocíamos los datos de la tasa de desempleo registrado del mes de diciembre observando un descenso muy notable. Este hecho, junto con otros indicadores económicos (salida de la recesión, aumento del consumo minorista…) han provocado que el Gobierno, loco de entusiasmo, haya aseverado que 2014 será el año de la recuperación en España. Sin embargo, ¿es oro todo lo que reluce? A continuación, nos proponemos realizar un análisis para concluir si los datos pueden indicar que la luz se ve al final del túnel.

Para comenzar, vamos a ir recopilando los datos positivos que presenta la economía española. En primer lugar, como comentábamos en el párrafo anterior nuestro país recientemente ha salido de la recesión obteniendo una tasa de crecimiento del 0.1 % con respecto al trimestre anterior. Por otro lado, el IBEX -35 ha cerrado el año cerca de los 10.000 puntos en lo que ha supuesto una crecimiento del 20 % aproximadamente, buen dato sin duda para los inversores. Además, el índice de confianza de los consumidores ha subido en 20 puntos frente al año anterior y, tampoco podemos olvidar, que la prima de riesgo y las agencias de calificación han dado un respiro a la deuda soberana de nuestro país.

A pesar de todo, estos datos no suponen en ningún caso que nuestro país esté cerca de salir de la crisis. La deuda pública ha cerrado este año cerca del 100 % del PIB y para el año que viene está previsto que las necesidades de financiación españolas sean de 661 millones de euros al día. Este dato evidencia que el sistema fiscal español, aun con unos tipos de gravamen muy elevados, es ineficiente y no recauda como se espera de él. Por tanto, el Estado necesita acudir a los mercados cada vez en mayor medida para soportar las necesidades de gasto. Este es un dato muy negativo para la economía española, ya que en cualquier momento, el mercado puede volver atacar nuestra deuda y nos encontraríamos en serio peligro. El problema de financiación es vital para la economía española, ya que con la demanda privada por los suelos, es preciso un impulso público para conseguir un crecimiento económico sostenido. Sin embargo, si de ese gasto cada vez dedicamos más proporción a pagar intereses de la deuda, difícilmente podremos invertir en educación, sanidad o innovación que reviertan en el bienestar de nuestros ciudadanos.

De esta forma, sin conseguir un crecimiento económico estable, los datos de desempleo no mejorarán. Es cierto, que en diciembre se ha reducido el paro registrado. No obstante, el año se ha cerrado con destrucción neta de empleo debido al descenso de los afiliados a la Seguridad Social y la población activa es cada día menor. Todo ello debido a que muchos ciudadanos emigran o se cansan de buscar empleo. Así lejos estamos de conseguir recuperarnos. Otro dato importante es que el empleo que se crea en España no es de calidad. Cada día proliferan más los trabajos temporales o incluso las eternas becas o minijobs. De esta manera, aunque el Gobierno se empeñe, la Reforma Laboral ha supuesto un nuevo fracaso en la política de empleo. Se perdió la ocasión de simplificar el mercado de trabajo con un contrato único con indemnización progresiva y se optó por reducir al mínimo los derechos de los trabajadores que ahora están en un claro desequilibrio frente a los empresas.

Algunos lectores seguro que pensarán que el que escribe es un agorero y un pesimista. Permítanme decirles que si queremos recuperarnos es mejor aceptar que la situación no es fácil y no llevarnos por un falso optimismo que sólo busca posicionarse para la campaña electoral de las elecciones europeas. La situación es algo menos mala que el año pasado, pero se han perdido muchos servicios y hay sectores de la población que lo han pagado muy caro. Por tanto, el Gobierno debería dejar a un lado los brotes verdes que criticó antaño y centrarse en el principal problema, conseguir un crecimiento económico estable. Al menos, desde hace unos meses los ministros del Ejecutivo español ya aseguran que España no tiene un problema de gasto, sino que la cuestión es mejorar los ingresos. Les ha costado 4 años de oposición y 2 de gobierno darse cuenta pero lo han conseguido. Ahora les toca elaborar una reforma fiscal profunda y eficaz que ponga fin a ese problema ¿Lo conseguirán? Veremos.

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